Es difícil ser gordito en esta ciudad, con tanta publicidad que vemos en las calles y en la tv, el que menos piensa en comprar de inmediato su Reduce fat fast y mucho peor ser gordito en verano. A mi me gusta comer, lo admito, como todo el día; pero cuando intentas ir a la playa y te das cuenta que tu ropa de baño ya no te queda, la piensas dos veces antes de ir a comer las súper salchipapas de Don Guillermo. Tampoco estoy tan gordo, pero ya no necesito correa para ponerme algunas bermudas.
Había pensado en hacer ejercicios para bajar esos kilitos que sobran, tal vez no almorzar dos veces y comer menos en la noche, dejar de fumar y salir a correr en las mañanas; pero nunca tan decidido como hoy. Caminaba por Javier Prado con San Luis todo bacán, sin mucho sol pero con lentes, tarareando una canción que no podía sacar de mi mente cuando veo que una chica me mira sospechosamente desde la esquina. Lo admito, mi ego dijo que estaba echándome ojo, pero rápidamente mi ego recibió una patada en las bolas cuando me dieron este papelito.

Deberían crear leyes para los gorditos y aunque siento que abusaron psicológicamente de mi, ahí esta el teléfono por si alguien esta interesado. No quería comer, pero el hambre me invade, así que una vez más a la cocina.